domingo, 19 de noviembre de 2017

3 ERRORES QUE COMETEMOS AL TERMINAR UNA RELACION



Cometemos muchos errores de los que es necesario aprender, pero hay algunos muy negativos de los que no somos conscientes al finalizar una relación de pareja.

Algunos de ellos son inevitables. Las emociones nos juegan una mala pasada y, también, dependemos mucho de las circunstancias en las que nos hemos visto envueltos para ponerle fin a la relación.

Porque no es lo mismo finalizar una relación de pareja porque el amor se ha acabado o la pasión ha apagado definitivamente su llama que si esta decisión se ha tomado fruto de una infidelidad o un engaño muy doloroso.

Hoy descubriremos 3 errores que cometemos al finalizar una relación de pareja. Familiarizarnos y reflexionar sobre ellos nos permitirá no volver a cometerlos y ver la situación desde nuevas perspectivas.

1. No eres capaz de pasar página

Uno de los grandes errores que puedes cometer al finalizar una relación de pareja es considerar a tu expareja alguien aún importante y presente en tu vida.

Es difícil desprenderse de alguien con quien has compartido experiencias e incluso años de tu vida. Te has acostumbrado a su presencia y ambos adoptasteis determinadas rutinas. Ahora que no está, te sientes como en una cuerda floja.

Sin embargo, cuanto antes pases página mejor. Tienes que aceptar que la relación ha terminado, que no hay vuelta atrás y que tu vida sigue, ¡tienes mucho que experimentar!

Quedarte anclado en el pasado hará que sufras en vano y que no seas capaz de seguir disfrutando de la vida. Así que, sabiendo esto, ¿cómo puedes actuar para cambiar esta situación?

  • Tienes tiempo para ti, así que aprovéchalo. Haz todo aquello que no hacías con tu pareja, busca nuevas aficiones, queda más con tus amigos y ve más a la familia.
  • Adopta nuevas rutinas como dar un paseo o correr bien temprano por la mañana, tomarte un café solo en esa cafetería que tanto te gusta mientras lees el periódico… ¡Lo que sea!
  • Piensa en ti, cuídate y mímate. Un error es creer que tu expareja va a seguir pendiente de ti. ¿Por qué no empiezas a estar pendiente de ti mismo? Seguro que te has olvidado un poco de ti cuando estabas en pareja.


2. Esperas algo de tu expareja

Al finalizar una relación de pareja puede que no seas consciente de ello, pero esperas que algo te sea devuelto por parte de tu expareja.

Una pequeña prueba de que tu expareja te había querido de verdad cuando estaba contigo, que tiene intenciones de seguir manteniendo el contacto o que se preocupa por ti.

Esto no es más que el gran miedo que tienes de soltar esa relación que se ha terminado. El gran error de esperar algo de la otra persona es que no le das el tiempo que necesita para pasar por su propio duelo.

Sigues hablando con ella, le compartes tus sentimientos y, sin darte cuenta, la agobias.

Está claro que necesitas expresarte con alguien que te entienda, que te comprenda. Sin embargo, ambos necesitáis estar a solas, soltaros para poder avanzar.

Imagina que tu expareja no tiene interés en escucharte. Piensa en si hiciese lo mismo, ¿te aburriría lo que te quisiese contar?

Ten todo esto en cuenta, porque quizás tu intención de esperar algo sea fruto de tu tristeza porque esa relación haya llegado a su fin.

3. Tu ex es el protagonista de tus conversaciones

Otro de los grandes errores al finalizar una relación de pareja es mantener en todas tus conversaciones a tu ex como protagonista principal.

Está claro que te tienes que desahogar y hablar del tema. Pero ¿repetir una y mil veces lo que otros ya saben? ¿Quejarte una y otra vez de lo que ya no se puede solucionar?

Hacer esto evitará que superes la ruptura, mientras mantienes bien presente a alguien que ya no va a formar parte de tu vida. No en una relación de pareja.

Otras formas de mantener a tu expareja presente es aferrarte a todo aquello que te recuerde a él. Un grave error que hará que tu dolor perdure.

¿Has cometido alguno de estos errores al finalizar una relación de pareja? Intentar no caer en ellos reducirá el tiempo para superar la ruptura.

Dejemos de aferrarnos a algo que ya se terminó. Esto solo nos daña a nosotros mismos


PAREJAS QUE SUPERAN UNA INFIDELIDAD ¿COMO LO HACEN?



Las parejas que superan una infidelidad podemos considerarlas una minoría, ya que la mayoría de las personas no son capaces de perdonar una situación así.

La infidelidad tiene diferentes grados. No es lo mismo una relación paralela, incluso con hijos, que un encuentro sexual con una persona puntual. Pero esto ya depende de la percepción de cada persona.

Sin embargo, las inseguridades y los celos salen a la luz ante este hecho dando paso al rencor y a la imposibilidad de perdonar a la otra persona.

Las parejas que superan una infidelidad eligen ser felices

Las parejas que superan una infidelidad tienen que conocerse muy bien a ellas mismas y, también, conocer y confiar en su pareja.

La comunicación es sumamente importante. Pero una comunicación sincera, en la cual no existan reproches, sino la expresión de los sentimientos y emociones que nos abordan.

Cuando hay una infidelidad la tendencia es enfadarse, reprocharle al otro lo que ha hecho y no darle ni siquiera la oportunidad de hablar. Nos duele, es cierto, pero las parejas que superan una infidelidad han hablado, se han comunicado y han encontrado soluciones.

Es muy probable que muchas personas crean que este tipo de parejas se autoengañan, pero nada más lejos de la realidad. Las parejas que superan una infidelidad son honestas consigo mismas.

Una vez han entablado una conversación con su pareja y han expresado sus sentimientos, es el momento de tomar una decisión y ambos miembros lo hacen conscientemente.

¿Deseo seguir con esta persona? ¿Voy a ser capaz de perdonarle? ¿Me creo yo libre de cometer algún error de este tipo? ¿Voy a seguir confiando en mi pareja?

Las parejas que superan una infidelidad son capaces de contestar a estas preguntas con sinceridad. No hay una respuesta buena o mala. No siempre podemos perdonar una infidelidad y no pasa nada.

Lo correcto es que seamos sinceros y tomemos una decisión. Porque muchas veces por miedos, inseguridades o autoengaños continuamos en relaciones repletas de rencor. Y aquí solo hay dos opciones: o perdonamos de verdad o no.

Acogen la infidelidad como una oportunidad para crecer

Las parejas que superan una infidelidad además de tener bien seguro que pueden perdonar a la otra persona, son capaces de ver esta situación como una oportunidad para crecer.

Recalcamos la importancia que tiene comunicarse. Las parejas que superan una infidelidad se comunican y mucho. Es más, tratan la infidelidad sin temor y sin miedo para así poder tomarla como una oportunidad para crecer.

Estas parejas consiguen ver los problemas, la falta de comunicación previa y algunas acciones que han llevado a cabo y que deben mejorarse.

Por ejemplo, quizás había agobio en la relación, temor a que la otra persona fuese infiel (el miedo excesivo a veces se hace realidad), la falta de sinceridad sobre el tipo de relación que desean llevar, etc.

Quizás, la infidelidad derive en una relación diferente a la monogamia. Tal vez, ayude a resolver esas pequeñas inseguridades que han hecho que todo explote de esta forma.

Todo esto es necesario hablarlo y si de ninguna manera queremos acepta una relación abierta, por ejemplo, o creemos que la otra persona nos intenta culpabilizar de lo que ha hecho, entonces es mejor dejar la relación.


La importancia de acudir a terapia de pareja

Las parejas que superan una infidelidad en ocasiones necesitan la ayuda de un profesional que sepa guiarlos en el buen camino para no perderse mientras lo recorren.

Pero, como bien hemos dicho, entre estas parejas no hay rencor, tampoco recriminaciones y, menos aún, faltas de respeto.

Saber gestionar las emociones de la manera adecuada y, también, saber comunicarse eficazmente son elementos clave para las parejas que superan una infidelidad.

No todo el mundo es capaz de superar una infidelidad. Las personas que son capaces de hacerlo, pueden encontrarse también con una persona con la que no puedan construir de nuevo los cimientos de su relación debido a determinados factores.

Lo importante es no autoengañarse, ser sinceros y ser honestos con nosotros mismos. ¿Podemos y sabemos perdonar algo así?


viernes, 17 de noviembre de 2017

PADRES PERMISIVOS. CARACTERISTICAS Y CONSECUENCIAS



Una familia permisiva es aquella que se caracteriza por ser sobreprotectora, poco exigente y extremadamente abocada a cumplir todos y cada uno de los deseos de los hijos.

Generalmente, los padres permisivos tienen dificultades por negar cosas a sus hijos, bien sea por temor a perder su cariño, o por considerar negativo convertirse en un referente de disciplina.

Estas actitudes permisivas tienden a generar en los hijos dificultades en su vida adulta. En algunos casos pueden desarrollar personalidades débiles, con poca disposición a reconocer sus propias fallas y con manifestaciones conflictivas con relación a sus entornos.

Sin embargo, no todas las características de las familias permisivas son negativas. Algunos estudiosos han rescatado como elemento positivo, por ejemplo, el hecho de dar importancia a las inquietudes de los hijos, y también establecen que los hijos pueden sentirse capaces si sienten la confianza de poder cumplir con sus objetivos.

Asimismo, también se resalta la importancia de complementar esa generación de autoconfianza con la comprensión de que es natural que existan objetivos inaccesibles, y que el hecho de vivir en sociedad implica que se debe aprender a convivir con otras personas con maneras de pensar distintas.

Características de las familias permisivas

Ceden ante todo

Los padres de una familia permisiva suelen complacer todas las exigencias de los hijos, sin importar si es conveniente o no cumplir con dichos deseos.

En muchos casos, la motivación de complacer a los hijos viene como consecuencia de evitar situaciones conflictivas o incómodas, o de querer generar un espacio absolutamente protegido.

No exigen responsabilidades

Los padres permisivos no asignan ningún tipo de responsabilidad a sus hijos. Esta ausencia de responsabilidades incluye tanto el ámbito personal como familiar.

Entonces, los hijos asumen que no tienen obligaciones ante ningún escenario ni ante otras personas, debido a que nunca han tenido la necesidad de cumplir con compromisos impuestos por sus protectores.

Justifican el mal comportamiento

Cuando los hijos actúan de mala manera, reaccionan con groserías o proceden con soberbia, los padres permisivos tienden a justificar este tipo de actitudes.

Los padres permisivos pueden justificar dichos comportamientos argumentando cualquier excusa, que puede ir desde el estado de ánimo temporal del hijo, hasta reconocer que tenía razones concretas para la mala conducta manifestada.

No ejercen disciplina

Los padres permisivos no desean ser vistos por sus hijos como figuras de autoridad. Por lo tanto, no los disciplinan correctamente, e incluso pueden llegar a mantener una relación de sumisión, sometiéndose a los deseos de sus hijos.

Una tendencia de los padres permisivos es evitar llamar la atención de los hijos cuando éstos presentan un mal comportamiento; en vez de eso, permiten dicho comportamiento.

Aspectos positivos de las familias permisivas

Brindan apoyo emocional

Una de las características de las familias permisivas es que brindan apoyo emocional a sus hijos. Generan empatía con las inquietudes y preocupaciones de los hijos, y tratan de ser un soporte en este sentido.

Puede considerarse un elemento positivo querer generar las mejores condiciones de vida para los hijos, y parte de este deseo implica reconocer sus emociones y comprender sus sentimientos.

Toman en cuenta las aspiraciones de los hijos

Dado que los padres permisivos desean lo mejor para sus hijos, dan mucha importancia a conocer sus anhelos, y a actuar en función de que ellos puedan cumplir con dichos anhelos.

Los padres permisivos desean conocer los deseos y las aspiraciones de sus hijos, entenderlas y permitir que puedan vivir esas experiencias que tanto ansían.

Los hijos pueden tener alta autoestima

Algunos estudios han arrojado que los hijos de familias permisivas pueden desarrollar bastante confianza en ellos mismos y, por ende, una alta autoestima.

Dado que los padres se vuelcan en reconocer los sentimientos de sus hijos, éstos crecen considerando que sus inquietudes son importantes, por lo que pueden llegar a tener una buena imagen de sí mismos.


Consecuencias en los hijos de familias permisivas

Actitud egoísta

Los padres permisivos permiten que los hijos hagan todo aquello que desean, sin ningún tipo de filtro. Por ello, los hijos tienden a dar más importancia a sus propios intereses que a los de las personas que les rodean.

Al haber sido criados por un entorno que superpone sus deseos por encima de los del resto de las personas, los hijos de padres permisivos aprenden a enfatizar sus propias necesidades y actuar en función de éstas.

Baja tolerancia

Los hijos de familias permisivas están acostumbrados a obtener lo que quieren. Por lo tanto, cuando se encuentran con personas que piensan distinto a ellos, o con situaciones que contradicen aquello que ellos piensan, muestran muy poca tolerancia.

En general, demuestran muy poco reconocimiento hacia las otras personas, especialmente si piensan distinto.

Poca resistencia a la frustración

Los hijos de padres permisivos crecen con la idea de que siempre podrán lograr sus objetivos, sean cuales sean. Por lo tanto, suelen mostrar muy poco autocontrol cuando no consiguen alguna meta trazada.

Se frustran muy fácilmente, no son capaces de aceptar equivocaciones o escenarios adversos, y terminan generando situaciones conflictivas.

Dificultad para seguir reglas

Dado que siempre han hecho lo que han querido, los hijos de familias permisivas suelen tener dificultad para seguir reglas.

Éstas son personas que se han acostumbrado a que están totalmente al margen de cualquier regulación. No deben rendir cuentas de sus actos; por lo tanto, pueden hacer lo que les plazca.

Cuando los hijos de padres permisivos se encuentran con un entorno que les exige seguir ciertas reglas, como el ámbito académico o laboral, tienden a presentar dificultades para seguir las normas.

Pueden presentar actitudes violentas

En ocasiones, los hijos de familias permisivas terminan manifestándose de forma violenta ante las personas que les rodean.

Dado que tienen poca resistencia a la frustración y están acostumbrados a que se cumplan sus deseos de forma sostenida, pueden responder violentamente, como consecuencia del poco autocontrol que suelen tener.

Esperan que otro solucione sus problemas

En las familias permisivas se acostumbra a los hijos a no resolver sus propios problemas. Los padres son totalmente protectores, y resuelven cada complicación que surge en la vida de los hijos.

Como consecuencia de esto, los hijos suelen esperar esta actitud de todas las personas que les rodean, lo que puede generar relaciones interpersonales dependientes y conflictivas.

LA TOLERANCIA Y EL SINDROME DE ABSTINENCIA EN UNA ADICCION



Todos hemos oído hablar de la adicción a sustancias, la tolerancia y el síndrome de abstinencia. ¿Pero qué significan exactamente esos términos?

De forma genérica se entiende que el trastorno por adicción a sustancias se aplica a todas aquellas sustancias que introducidas en el organismo afectan o alteran el estado de ánimo y la conducta. Entre ellas, podemos encontrar drogas legales como el alcohol o el tabaco, o sustancias ilegales como el cannabis, cocaína, LSD, etc.

Hoy en día tenemos datos impactantes acerca de la prevalencia del consumo de sustancias psicoactivas. Por encima de los 15 años, el 91% de la población ha consumido alcohol y  un 64% tabaco. Es aun más preocupante si observamos el consumo de sustancias entre los 14 y 18 años: un 66% ha consumido alcohol en el último mes y 37% tabaco.

Algunos aspectos claves para entender por qué se produce la adicción a sustancias son los procesos de tolerancia y abstinencia. Ambos están muy vinculados entre sí, ya que se dan por la respuesta compensatoria del cuerpo. Pero antes de explicar esto, necesitamos entender qué ocurre en nuestro cerebro cuando consumimos una droga.

Consumo de sustancias y el sistema de recompensa

La mayoría de las sustancias psicoactivas están altamente relacionadas con el sistema de recompensa del cerebro y la dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que se libera cuando realizamos conductas deseables, y su función es que estas sean reforzadas para repetirlas en un futuro. Básicamente, la dopamina es el “premio” que nos otorga el cuerpo en forma de placer por hacer algo que le parece bien.

Las drogas provocan o incluso llegan a simular la liberación de dopamina en nuestro sistema de recompensa. Algunas como el alcohol lo hacen a través de mecanismos indirectos y otras como las anfetaminas tienen una composición química similar y actúan como dopamina.

Esta liberación falsa al consumir drogas provoca que se active nuestro sistema de recompensa. Un conjunto de mecanismos que permite la asociación de ciertas situaciones con una sensación de placer. De este modo, nuestro cerebro piensa que el consumo es beneficioso para el cuerpo, a pesar de que en realidad sea perjudicial.

Ahora bien, esas grandes descargas de “dopamina falsa” también provocan un desequilibrio fuerte en la homeostasis del individuo. Lo que lleva al cuerpo a activar sus mecanismos regulatorios para solucionar ese desfase. Siento esto último lo que causa la tolerancia y el síndrome de abstinencia, procesos que explicamos a continuación.

La tolerancia y el síndrome de abstinencia en la adicción a sustancias

Los mecanismos regulatorios de nuestro cuerpo para evitar que se produzca un desequilibrio interno modulan la química cerebral. El consumo de sustancias es un ejemplo donde sucede esto. Veamos en qué consiste.

Imagina que cada sábado sales de fiesta y te tomas unas cuantas copas de cualquier bebida alcohólica. Como el alcohol es una droga que simula a las endorfinas, tu sistema opioide endógeno estará hiperactivado, lo que generará una liberación de dopaminas y una sensación gratificante. Lo que sucede es que si repites esta conducta tu cuerpo aprende lo que vas a hacer y genera una respuesta compensatoria.

En este momento es donde entra la tolerancia a las drogas. El próximo sábado que vuelvas a salir, tu cerebro como ya sabe que vas a consumir alcohol y que eso provocará un desequilibrio, bajará los niveles basales de endorfinas. Esto provocará que tu sistema opioide endógeno se deprima, pero tras la toma de alcohol volverá a la normalidad. Tu sensación subjetiva será que el alcohol no te provoca ningún efecto, y tendrás que beber más para compensar la bajada compensatoria debido a la tolerancia.

Ahora bien, ¿qué ocurre si de repente dejas el alcohol?¿qué sucede con esa respuesta compensatoria? A pesar de que hayas disminuido el consumo o eliminado, la respuesta compensatoria se sigue dando. Si volvemos al ejemplo anterior, cuando sales un sábado sin intención de tomar alcohol, el cerebro pensará que sí, ya que es lo que tiene aprendido. Por lo tanto tu nivel de endorfinas caerá estrepitosamente y al no verse compensado por la ingesta de alcohol, te provocará una ansiedad elevada. Esto es lo que se conoce como síndrome de abstinencia.

Conclusión

La presencia de tolerancia y síndrome de abstinencia son síntomas inequívocos de un trastorno por adicción a sustancias. Ya que si empieza aparecer tolerancia, también existirá abstinencia al dejar de consumir. Además, la aparición del síndrome de abstinencia suele llevar al consumo de la sustancia, para reducir la ansiedad que provoca. Hay que tener en cuenta estos mecanismos biológicos, para entender los procesos de adicción a sustancias.

El trastorno por adicción a sustancias se trata de un problema de salud global. Es necesario entender que causa multitud de problemas sociales, laborales, personales y de salud. Además, si queremos mejorar la calidad de vida de las personas es imprescindible dar a conocer los mecanismos de acción de la drogas para hacer consciente a la población de los riesgos que conlleva su consumo.

LA IMPORTANCIA DEL DESAPEGO



A todos nos llega un momento en el que queremos hacer cambios que nos devuelvan a la senda del crecimiento, porque tenemos la sensación de que nos hemos estancado o avanzamos muy lento. Miramos a nuestro alrededor y parecemos tortugas. Ante esta sensación, generalmente, lo que hacemos es llenarnos de actividades, cosas o personas nuevas sin antes haber dejado libre un espacio que puedan ocupar.
Frente a este cambio, es importante que, antes de iniciarlo, te desprendas de todo aquello que no deseas y generes el espacio suficiente para que lo nuevo pueda asentarse y aportarte todo aquello que buscas. Lo cierto es que, sin espacio, cualquier elemento que pensemos incorporar se terminará disolviendo en el fondo de nuestro armario temporal.

La importancia de los tres espacios

La vida es un flujo constante de situaciones, relaciones…todo va y viene. Todo llega y todo pasa. Pero, si quieres ganar en prosperidad (o al menos tener la sensación de que lo haces), necesitas generar un nuevo espacio en tu corazón, en tu mente y también en el plano físico, por supuesto.
Limpia y sana todas esas heridas que te mantienen paralizado y te impiden avanzar. Si retenemos lo que se ha de ir, impedimos que llegue lo que deseamos, estrangulando nuestro crecimiento personal. Aprender a soltar todo aquello que nos aporta sufrimiento o, simplemente, no nos aporta nada es el primer paso.

Permite que salga lo viejo, pues ningún cubo lleno de barro parecerá más limpio por añadirle agua. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros no estamos a gusto en el puesto de trabajo que tenemos, pero no nos atrevemos a buscar una alternativa por miedo, falsa comodidad o por falta de confianza en nosotros mismos? Si no dejamos marchar lo que ya no nos sirve o nos aburre, ¿cómo podría llegar lo bueno a nuestra vida?


El espacio físico

Haz una limpieza a fondo de tu casa, así te darás cuenta de quién eres y de cómo reaccionas ante la elección de soltar, aunque sea sólo deshacerse de un pequeño objeto. Los armarios, cajones y trasteros suelen estar llenos de muchos “por si acaso”, cuando a la hora de la verdad rara vez optamos por emplear este tipo de recursos, aunque la ocasión se presente. Desprendernos y soltar todos aquellos objetos que son innecesarios es un acto completamente liberador.
Puedes regalar o vender aquello que no te sirve. Lo que no te sirve a ti puede servir a muchas otras personas. En el caso de que no se te ocurra a quién regalar un objeto o una prenda, seguro que en tu ciudad existen centros y organismos que se dedican a encontrar a los receptores adecuados.

El espacio mental

Ya has limpiado el espacio en el que vives y te has desprendido de todas aquellas cosas materiales que no utilizas ni vas a utilizar. Pues vamos con el segundo paso: limpiar tu mente. En esta “caja” habitan muchos pensamientos y creencias sobre tu pasado que generan un ruido molesto, impidiendo que centres tu atención en avanzar.
Solo una nueva actitud, más lúcida y cariñosa con nosotros puede ayudarnos a identificar lo que ya no nos conviene. Piensa que cuando centras tu atención en pensamientos inútiles, difícilmente queda espacio para cambiar esos pensamientos por otros.
Pensamientos que gobiernan tu vida porque, sin pretenderlo, les has dando todo el poder. En este sentido, la renovación demanda que vacíes la mente de toda esa basura y que te desprendas de todos los pensamientos y creencias que actúan como un lastre.
De esta manera, podemos lograr un cambio en nuestro sistema de creencias y, por extensión, un cambio en nuestra forma de ser y de mirar. Es decir, podemos concedernos una oportunidad: la de construir un versión mejorada de nosotros mismos. Reconociendo nuestros miedos, para poder ser valientes; mirando a nuestros temores, para encontrar la mejor estrategia que les reste poder.

El espacio emocional

Es probable que hayas pasado por algunas experiencias que dejaron en ti un poso de inseguridad, miedo, tristeza, culpa… Pues bien, el hecho de que se hayan quedado contigo quiere decir que no maduraste emocionalmente. Te has quedado anclado en esa emoción/sentimiento, y ahora tu mente y tu cuerpo lo viven y reviven constantemente, hasta convertirse en inconscientes y, por lo tanto, escapando a tu control.
Nuestro propósito es aprender y adquirir sabiduría, pero si te has quedado atrapado en esa emoción, tendrás un enorme obstáculo que sortear para trasformar la experiencia en aprendizaje. Mientras esa emoción siga adherida a tu mente y a tu cuerpo, no serás libre para pasar al futuro que deseas. Permite expresar todas esas emociones encapsuladas que actúan como barrera; sánalas y déjalas marchar. Solo así podrán llegar otras emociones más agradables.

jueves, 16 de noviembre de 2017

¿HASTA QUE PUNTO EL COMPROMISO DE PAREJA RESTA LIBERTAD?



En la actualidad hay una corriente que “pasa” del compromiso de pareja, bien porque los que la amparan no saben desenvolverse en él o bien porque tienen la sensación de que este compromiso no merece la libertad que pueda restar. Hubo un punto de la historia, más o menos en la década del 70, en el que, para diferentes culturas y sociedades, el matrimonio cayó en gran desprestigio. Esta fue una época de numerosos divorcios, coincidiendo con el ascenso de la mujer en todas las esferas de la sociedad.
Desde entonces se instauró una clara tendencia a favor del “amor libre”. Se daba por sentado que el compromiso y su formalización restaban libertad al vínculo. Todos querían dejar una puerta abierta para salir sin problema en caso de que las cosas no funcionaran.
Esta tendencia se intensificó en las décadas siguientes. No solo se desprestigió el matrimonio como tal, sino que las relaciones de pareja también comenzaron a verse como un freno a la libertad. El noviazgo empezó a caer en desuso. En su lugar, aparecieron otras formas de relación, como la de los “amigos con derechos” o lo que en algunos sitios se llama “tinieblos”: gente que se busca exclusivamente para tener sexo.
Es necesario anotar que también durante todas estas décadas, ni el matrimonio, ni el noviazgo formal han desaparecido completamente. Hay un sector “un poco más conservador”, que sigue manteniendo esas alternativas dentro de su baraja de opciones.

El compromiso de pareja y la libertad

Se ha extendido la idea de que todo compromiso afectivo resta libertad. Esta afirmación es básicamente cierta, pero es necesario matizarla. Pareciera que se parte de la idea de que somos seres plenamente libres, hasta que un compromiso af llega y nos encadena. Todos sabemos que esto no es cierto.
El solo hecho de vivir en sociedad nos resta libertad. No podemos ir por ahí haciendo lo que se nos ocurra, porque eso resquebrajaría los lazos sociales. Si me gusta el automóvil de mi vecino, no puedo simplemente tomarlo e irme conduciendo por un camino arbolado. Tampoco vivimos del aire y eso nos impone una serie de restricciones: debemos ganar el pan con el sudor de la frente. O depender de alguien que lo gane así.
En el plano afectivo las cosas no son muy diferentes. Todo vínculo de amor o de odio nos impone límites. No podemos evitar que nuestra madre ame a alguien, además de a nosotros. Nos vemos obligados a “ganar” la buena voluntad de nuestros compañeros y jefes. Ceder en muchas oportunidades y aguantar indiferencias o desplantes. La libertad, entonces, no tiene el significado de ausencia de deberes en los seres humanos. Más bien, implica un margen de acción, pese a las restricciones con las que todos vivimos.
De vez en cuando añoramos a ese buen salvaje que hacía espontáneamente cualquier cosa que se le viniera la cabeza. Nos resistimos a aceptar el hecho de que formar parte de una cultura nos impone restricciones. Podemos ver en las necesidades y en las demandas del otro una situación latosa de la que hay que desprenderse rápidamente.


El compromiso de pareja

Lo que en otros terrenos nos parece normal, en el campo de la pareja nos resulta insufrible. Las limitaciones que nos genera una relación de pareja en muchos casos se perciben como insostenibles. No queremos exigencias… ni tampoco que nos pidan explicaciones por lo que hacemos. Tampoco nos interesa presenciar escenas de celos ni restricciones para salir con quien nos parezca.
Lo que se entiende como libertad, en el campo de la pareja, es, sobre todo, libertad para tener varias parejas a la vez. También para no hacernos responsables de las emociones del otro. Estar atentos a las necesidades afectivas de una pareja es algo que se puede llegar a percibir como una carga que la muchos no quiere llevar.
No son pocos los que piensan que compromiso y libertad son dos términos que se excluyen cuando hablamos de pareja. Sin embargo, en ese mismo mundo en donde, aparentemente, nadie quiere un compromiso de pareja, surgen algunas paradojas.
Una de ellas viene representada por un dato: la pregunta más buscada en Google, en todo el planeta, es “¿cómo encontrar pareja?” Quizás lo que muchos buscan es sentirse amados, sin el compromiso que implica amar. O sentirse acompañados, sin los deberes implícitos que pueden formarse dentro de una relación.
La soledad también impone férreas restricciones. Incluso es posible llegar a esclavizarnos de nosotros mismos. Pareciera que hay quienes desean amar para siempre con la lógica del adolescente: mucha diversión, mucha transgresión, poco compromiso. También es posible que nos hayamos convertido en gente que teme demasiado al amor. Abandonamos, antes de que nos abandonen, y por eso nos resistimos a sellar un compromiso.

TU ERES TU PROPIO REFUGIO



Que maravilloso sería poder dejar de sonreír cuando no tengamos ganas; decir al mundo que hoy no nos apetece salir y que no queremos compañía, que elegimos estar solos o mejor que eso, que preferimos solo nuestra compañía. Ojalá fuese fácil comunicarlo sin sentir ese nudo en la garganta y esa extraña sensación en el estómago. En definitiva, sin sentirse culpable.
Lo mejor de todo sería que los demás aceptaran lo que nos apetecería en cada momento y volvieran cuando el cartel de abierto estuviera de nuevo en la puerta. Sin pegas y sin reproches. A veces, merecemos acurrucarnos a nuestro lado para estar con nosotros, reponer fuerzas y salir renovados.

En ocasiones, los días malos también son necesarios, sobre todo para aprender a valorar aquellos que son mejores. La magia del contraste puede enseñarnos mucho si le prestamos atención. Porque no basta con saber que las rosas tienen espinas y que hay que quitarlas, también es necesario aprender dónde están y cómo actuar para que no duelan.
Puede que estemos mal, que la desgana se haga con nosotros y pensemos en no hacer nada para ocupar nuestro tiempo. Pero es importante aprender que después de la tormenta, suele llegar la calma. La cuestión es que esto no siempre sucede en las condiciones que desearíamos.

Sentirse culpable por experimentar malestar

Sentirse mal es más común de lo que imaginamos. No todo en la vida es perfecto. Lo que sucede es que la sociedad no permite mostrar el malestar. De hecho, mostrarlo implica de algún modo sentirse culpable por los juicios y expresiones de las personas que nos rodean.

Si estás triste o por lo menos, si lo cuentas, te hacen sentir como un bicho raro. Algunos te ven como un inválido, otros parece que te desprecian y a otros les despiertas sentimientos de pena y corren en tu ayuda para animarte a salir… Parece que tolerar el malestar de los demás no es tan fácil, ni tan cómodo y que hay que taparlo, aislarlo o incluso, ignorarlo.
Quizás lo que sucede es que el malestar de los demás nos recuerde que nosotros también lo experimentamos; y ante una sociedad que castiga su expresión de algún modo, no resulta tan fácil aceptarlo.
Al malestar no hay que esconderlo o por lo menos no hay que sentirse culpable si lo experimentamos. Es ley de vida. Los días malos existen y no pasa nada si son puntuales. No duelen tanto como parecen. Su presencia solo indica algo que necesitamos, por eso es muy importante escucharlo.
Obligarnos a actuar de forma distinta a cómo nos lo pide nuestra interior, a forzar nuestra imagen externa y dibujar una sonrisa cuando no nace desde dentro, cuesta más. Por lo que permitir que salga nuestro malestar y que se expresa, nos ayudará a liberarlo. Si aceptamos que esto es necesario, sentirse culpable no será tan fácil.


El mejor refugio: nosotros

Para los días malos el mejor refugio es el que nos podemos facilitar nosotros mismos. Ese espacio de soledad pero a la vez de acompañamiento, donde desahogarnos sin sentirnos culpables y darnos la mano. Porque de algún modo estamos ahí para nosotros.
Un lugar para permitirnos estar más apagados y ver qué ha pasado con nuestras bombillas. Para luego arreglarlas y hacer que den luz de nuevo. Una zona a la que acudir cuando colguemos el cartel de cerrado por vacaciones, en obras o cerrar antes de tiempo.
Nuestro refugio es el asilo perfecto para escuchar a los gritos de nuestras emociones. Esas que están ahí esperando a que paremos con el solo pretexto de ser escuchadas. Porque de nada nos sirve ir con el automático puesto, ya que en algún momento saltará el nivel de alarma, y quizás ahí ya sean más difíciles las reparaciones.
Somos nuestro refugio, el sostén que nos levanta y el abrazo que nos arropa. El espacio idóneo para dejar fluir al malestar con la único intención de sentirlo y comprenderlo. Porque dedicarnos tiempo también es necesario y no por ello debemos de sentirnos culpables.
Que el mundo siga dando vueltas, que aprenderemos a subirnos en cuando tengamos de nuevo la fuerza suficiente para hacerlo, sin presión y sin exigencias…